Boca Juniors, “somos la mitad más uno, somos el pueblo y el carnaval”
Caminando las calles del barrio, vivir cada inspiración de aire por las calles de La Boca es una ofrenda a la historia del fútbol. Porque “Boca es Boca”, porque “somos la mitad más uno, somos el pueblo y el carnaval”. Así hablan los bosteros, así habla el pueblo, así hablan los hinchas del club más grande y seguido de Argentina. Latinoamérica vibra cada vez que se juega en “La Bombonera”, porque la miticidad del estadio y las historias que ahí se han contado marcan una diferencia abismal con el resto.
Pero se viven tiempos difíciles en La Boca. El aire no es el mismo, las palabras no se sienten igual, las expresiones son más conformistas. El club vive de su historia, pero no para la historia.
Siempre he oído que nada tiene que ver ser un buen jugador de fútbol con ser un buen entrenador de fútbol. También podríamos entender que nada tiene que ver ser un buen jugador, un ídolo, con ser un buen dirigente o gestor. Son cosas diferentes, no tienen relación directa, no dependen una de otra. Cuando se es buen jugador, cuando se es un crack, es porque hay talento natural, es porque naciste con un don que el entrenamiento perfecciona y potencia. Pero ser un buen entrenador o gestor requiere preparación, habilidad, talento, liderazgo y muchas otras cualidades que a menudo no dependen directamente de ti. En la gerencia es primordial saber tomar decisiones y gestionar los momentos exactos para cambiar, para actuar, y eso no depende de ser el mejor dentro de la cancha.
En los últimos años, el club más grande de Latinoamérica ha carecido de visión en la toma de decisiones, lo que se ha traducido en un equipo débil físicamente, áspero, insensible, falto de liderazgo y confianza, por lo que los resultados siempre penden de un hilo.
"Ya no se juega como antes, ya no se mete como antes, ya no se vive el fútbol como antes", se escucha día tras día en las calles de La Boca. Pero es que el fútbol ha cambiado, "muchachos". El fútbol ya no es el mismo de hace 20 años, no es el mismo ni dentro ni fuera de la cancha. Ahora es una industria multimillonaria que muchas veces no depende de sí misma. Dirigir este deporte desde afuera o a pie de césped ya no es igual.
El deporte actual exige preparación en cada uno de los lugares desde donde nos toca estar. Demanda equipos de trabajo serios, centrados, con objetivos claros y definidos en todos los niveles, con estrategias diseñadas desde el análisis más crítico hasta el fanático más viral. El deporte es un fenómeno social, cultural, político y económico capaz de cambiar el rumbo histórico de cualquier pueblo, ciudad o nación. La pasión existe y existirá siempre porque la necesitamos para vivir, pero en los despachos la pasión es solo un aspecto más a tener en cuenta.
En Boca sobra la pasión, sobra el buen control del balón, el buen pase. Pero falta la gestión, el orden, la visión y, sobre todo, traducir eficientemente la idea que está sobre la mesa al terreno de juego. Tenemos confianza, pero necesitamos confiar.
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