"Revolución en el Salto de Longitud: ¿Evolución del Atletismo o el Fin de una Tradición?"
Experimentando
una transformación significativa en su reglamentación. La World Athletics (WA)
ha propuesto reemplazar la tradicional tabla de batida por una zona de despegue
más amplia, con el objetivo de reducir el número de saltos nulos y hacer la
competición más dinámica y atractiva para el público.
Hasta
ahora, el salto de longitud ha seguido una normativa estricta en cuanto a la
zona de despegue, con el fin de garantizar la precisión y equidad en la
competencia. La zona de batida está definida por una tabla de batida fija,
generalmente de 20 centímetros de ancho, ubicada justo antes del área de caída
(foso de arena). Esta tabla no solo actúa como una referencia visual para los
atletas, sino que también es el punto desde donde se mide la distancia de cada
intento.
Para ejecutar un intento válido, el atleta debe
pisar dentro de la tabla de batida, sin sobrepasarla. Si cualquier parte del
pie toca la superficie más allá de la línea de batida (el extremo más cercano
al foso), el intento se considera nulo. Para garantizar una evaluación precisa,
se emplea una plastilina especial, colocada en un ángulo de 45 grados a lo
largo del borde de la tabla de batida. Esta plastilina actúa como un detector
de faltas, ya que cualquier contacto del pie sobre la línea de batida deja una
marca visible, lo que permite a los jueces determinar si el intento es válido o
nulo.
El uso de
esta tecnología ha sido clave en el control de los intentos, pero también ha
generado controversia, ya que muchos atletas han perdido registros
excepcionales por milímetros de infracción.
A lo largo de la historia, la tabla de batida
ha sido una parte esencial de la prueba de salto de longitud, exigiendo de los
atletas un dominio técnico preciso en el ajuste de zancadas durante la carrera
de aproximación. Sin embargo, esta exigencia también ha provocado que, en
muchas competencias de alto nivel, una cantidad significativa de intentos sean
invalidados, restando emoción y fluidez al evento.
Es precisamente este factor el que ha motivado a la World Athletics a proponer una alternativa que busca reducir la cantidad de nulos y ofrecer más oportunidades para que los saltadores maximicen su rendimiento en la competencia.
La nueva
propuesta: zona de despegue
La nueva
normativa impulsada por la World Athletics introduce un cambio radical en la
forma en que los atletas realizan el despegue. En lugar de la tradicional tabla de batida de 20 centímetros, se
implementaría una zona con una extensión más amplia, de
aproximadamente 40 centímetros de longitud. Este cambio busca ofrecer mayor
flexibilidad a los competidores, permitiéndoles realizar el impulso desde
cualquier punto dentro de esa franja sin que su intento sea anulado.
En
términos prácticos, esto significa que ya no habría una línea de batida
estricta que determine la validez del salto. Los atletas tendrían mayor margen
de maniobra para encontrar el punto de batida ideal dentro de la zona
designada, sin el temor de cometer una falta por milímetros. La distancia del
intento no se mediría desde un punto fijo (como la línea de batida tradicional),
sino desde el lugar exacto donde el pie del atleta haya tocado el suelo por
última vez antes de despegar.
Para
garantizar la precisión en la medición, se prevé el uso de tecnología avanzada,
como sensores de presión y cámaras de alta velocidad. Estos dispositivos
registrarían automáticamente el punto exacto de despegue y calcularían la
distancia total del intento, desde ese punto hasta la marca más cercana dejada
en la arena durante el aterrizaje.
Este
sistema tiene varios objetivos clave:
- Reducir el número de intentos nulos.
- Hacer la competencia más fluida y emocionante.
- Dar mayor libertad estratégica a los atletas.
- Cuidar físicamente al atleta
Sin
embargo, esta modificación también trae consigo desafíos y críticas. Uno de los
principales puntos de debate es si esta nueva forma de medición podría afectar
los estándares históricos del deporte, ya que los récords actuales han sido
logrados con la normativa tradicional. Además, algunos atletas argumentan que
el cambio podría disminuir el valor de la técnica y precisión en la batida, que
ha sido un aspecto fundamental del salto de longitud durante décadas.
A pesar
de estas preocupaciones, la implementación de esta nueva zona de despegue ya ha
comenzado a probarse; desde hace un tiempo, en competiciones menores, y los resultados de estas
pruebas piloto determinarán si el cambio será adoptado oficialmente en torneos
de élite en el futuro.
El 9 de
febrero de 2025, durante el PSD Bank Meeting en Düsseldorf, se implementó por
primera vez en una competición de élite. Esta nueva normativa del salto de
longitud que sustituye la tradicional tabla de batida por una zona de despegue
de 40 centímetros. Mikayla Mihambo
ganó con un mejor registro de 6,87 metros. A la germana le bastó con dicha marca,
notablemente inferior a los 7,07 que saltó el viernes en
Karlsruhe; utilizando el método tradicional, y
que le sitúan en cabeza de la lista mundial del año, para ganar por delante de
la neerlandesa Pauline Hondema (6,68) y de la búlgara Plamena Mitkova (6,67).
Mihambo admitió que hay detalles de la probatura que es necesario perfeccionar, indicó que “le agradó la idea de disponer de esa zona” para poder tener un mayor impulso.
La comunidad atlética ha
mostrado opiniones divididas respecto a este cambio. El campeón olímpico y
mundial, Carl Lewis, ha sido crítico con la propuesta, comparándola con "agrandar
la canasta en tiros libres" y argumentando que "elimina
la parte más técnica del salto".
El griego Miltiadis
Tentoglou, campeón mundial y olímpico actual, ha expresado su descontento de manera
contundente, calificando la modificación como una "mierda de
perro" y sugiriendo que, de implementarse, consideraría cambiar al
triple salto.
Implementación y pruebas
La nueva
normativa se probará en competiciones de menor relevancia durante 2025. Si los
resultados son positivos, podría adoptarse oficialmente en eventos de élite a
partir de 2026, con miras a su inclusión en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles
2028.
El salto de
longitud ha mantenido su esencia durante más de un siglo, por lo que cualquier
cambio en su reglamentación debe ser considerado con cautela.
La propuesta de
una zona de despegue más amplia tiene el potencial de hacer la competición más
accesible y emocionante tanto para los atletas como para los espectadores, ya
que un atleta con un día poco preciso tendría más oportunidades de realizar
intentos válidos. Sin embargo, no creo que este cambio diluya el desarrollo
técnico y la precisión de los atletas; más bien, podría beneficiarlos al
reducir la necesidad de entrenamientos excesivos para perfeccionar la carrera
de impulso. Al disminuir el volumen de entrenamiento y el número de
repeticiones de carrera, se reduciría también el riesgo de lesiones derivadas
de cargas excesivas. Todo esto, siempre que se mantenga la esencia de la
disciplina, que radica en la combinación de velocidad, técnica y exactitud en
el despegue.
Es fundamental
que World Athletics continúe consultando a atletas y entrenadores, y que las
pruebas sean exhaustivas antes de implementar un cambio tan significativo. El
equilibrio entre innovación y tradición es delicado, y cualquier alteración
debe preservar la integridad y esencia de este histórico evento atlético.
En conclusión,
si bien la intención de modernizar y dinamizar el salto de longitud es loable,
es crucial proceder con prudencia, asegurando que se mantengan los elementos
técnicos y los desafíos que hacen de esta disciplina una de las más
apasionantes del atletismo.


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